Claudio Rolón, un trabajador que buscó estabilidad en el país vecino, denuncia condiciones de esclavitud, maltratos y promesas incumplidas en San Joaquín. Por qué advierte que ahorrar para traer a la Argentina es un «mito» y asegura que allí el argentino trabaja «por cinco».
El fenómeno de miles de argentinos que cruzan la frontera hacia el sur de Brasil atraídos por la zafra de la manzana ha crecido exponencialmente en los últimos meses. Sin embargo, detrás de la promesa de ingresos en reales se esconde una realidad que muchos prefieren no contar. Claudio Rolón, un trabajador con experiencia en las cosechas de Vacaría y San Joaquín, decidió romper el silencio en Radio News para advertir a quienes planean emigrar sobre los peligros de caer en redes de explotación laboral,.
El infierno en San Joaquín
Aunque su primera experiencia en 2024 en la zona de Vacaría fue positiva trabajando para la empresa Agroban, su regreso en 2025 al estado de Santa Catarina se convirtió en una pesadilla,. Rolón describe las condiciones en la localidad de San Joaquín, a unos 80 kilómetros de Florianópolis, como «detestables» e «insalubres»,.
«La experiencia en San Joaquín fue muy mala. Me fugué del lugar donde vivía porque era inhumano; almorzar y cenar en un lugar precario que, hablando como argentino, era un chiquero«, sentenció Rolón. El trabajador relató escenas de profunda degradación, mencionando que debían comer en presencia de animales enfermos: «Es feo, detestable, comer habiendo perros con ura».
Rolón fue tajante al identificar a los responsables y alertar a otros trabajadores: «San Joaquín es el peor lugar de Brasil para ir a trabajar. Hay una empresa, Iragami, que es lo peor de lo peor; le llevan a la gente con mentiras y promesas de un sueldo que no te dan». Incluso aseguró haber iniciado acciones legales: «Me fui a hacer una denuncia por esclavitud, porque eso era esclavitud; ni me pagaron el sueldo».
El argentino «multifunción»
A pesar del maltrato en ciertas regiones, el entrevistado destacó que la mano de obra argentina es sumamente valorada en Brasil debido a su versatilidad. Mientras que el trabajador local suele especializarse en una sola tarea, el argentino es visto como un empleado «multifunción» o «funcionario»,.
«Un argentino trabaja por tres, cuatro o cinco brasileros. Nosotros allá somos expertos; hacemos de todo: plomería, electricidad, pintura, albañilería, soldadura y hasta arreglamos los tractores», explicó Rolón,. Según su testimonio, esta capacidad de resolución permite que muchos pasen de ser simples cosecheros a tener contratos directos y estables, especialmente en empresas que sí cumplen con la ley, donde el trato es más humano y se pagan horas extra,.
El mito del ahorro y la desvalorización
Uno de los puntos más críticos de la entrevista fue la advertencia sobre la ilusión de hacer una diferencia económica volviendo a Argentina con los reales ahorrados. Rolón sostiene que, debido a la inestabilidad cambiaria y el costo de vida, el dinero «no sirve» si se pretende traer al país,.
«Si querés que te vaya bien trabajando en Brasil, tenés que vivir en Brasil. Venís acá y el dinero se desvaloriza; es como si te hubieras ido de vacaciones pagas, pero fuiste a trabajar», advirtió. Para ilustrar la diferencia económica, comparó el poder adquisitivo de ambos países: «Allá te podés comprar un auto con 3.000 o 4.000 reales, y acá ese mismo auto sale 10 millones de pesos». Asimismo, destacó que mientras 200 reales alcanzan para comer un mes en Brasil, en Argentina esa cifra no cubre ni una semana de gastos.
Peligros y recomendaciones finales
Rolón también dedicó un espacio para advertir a los jóvenes sobre los riesgos sociales en la zona fronteriza. Señaló que muchos chicos viajan con la intención de alejarse de las adicciones, pero terminan en situación de calle debido a que la oferta de drogas en Brasil es igual de alta,.
«Tienen que tener cuidado y hablarlo antes de irse porque no es una joda», recomendó Rolón, instando a las familias a investigar bien antes de partir. Su consejo final para quienes buscan un futuro en la cosecha es claro: «Preguntar, hablar con gente de confianza que ya haya ido y, por sobre todo, no ir a ninguna empresa en San Joaquín».