El Padre Alberto Barros cuestionó la propuesta de reducir la edad de imputabilidad a los 13 años. Advirtió sobre el aumento del consumo de drogas, el fracaso del sistema carcelario actual y la necesidad de un enfoque humano basado en la educación y la prevención.
En medio del debate por la reforma del régimen penal juvenil en Argentina, el Padre Alberto Barros, sacerdote, vicepresidente de Cáritas Diocesana en Posadas y capellán de una unidad penal, expresó su firme rechazo a centrar la discusión únicamente en la edad de los menores. Alineado con la postura de la Conferencia Episcopal Argentina y la Pastoral Social, Barros sostuvo que la seguridad no se resuelve con «eslóganes políticos baratos», sino abordando las causas profundas de la exclusión y la violencia.
Una mirada «superficial» ante la complejidad del delito
Para el entrevistado, la intención de bajar la edad de imputabilidad de 16 a 13 años representa una «mirada superficial» que evita discutir los problemas de fondo. «Quedarse en la discusión de la edad es entrar en el juego de la superficialidad, en el juego de la chaturay eludir la grandeza política», sentenció Barros. Según su visión, las estadísticas demuestran que el porcentaje de delitos cometidos por menores es «recontramínimo» y que la reclusión por sí sola no garantiza una solución integral.
El sacerdote subrayó que la Iglesia siempre estará del lado de las víctimas de delitos, pero advirtió que el enfoque no debe ser meramente punitivo. En este sentido, rescató la propuesta de los obispos basada en tres verbos fundamentales: prevenir, educar y acompañar.
El factor del narcotráfico y el clima de odio
Barros fue categórico al señalar que el contexto social actual, marcado por la intolerancia, dificulta cualquier intento de reinserción. «Hoy tenemos más narcotráfico que nunca, tenemos más droga que nunca a lo largo y ancho del país, tenemos más consumo que nunca», denunció, vinculando este fenómeno con la falta de oportunidades y la deserción escolar.
Asimismo, criticó el clima de violencia que, según su análisis, se ha exacerbado en los últimos dos años. Señaló que el uso de insultos y discursos de odio desde los sectores oficiales crea una atmósfera de confrontación que no ayuda a la convivencia. «¿Cómo podés construir una sociedad pacificada en medio de semejante grado de violencia?», se preguntó el sacerdote.
El modelo CEMOAS como alternativa a la cárcel común
Basado en su experiencia como capellán carcelario, Barros advirtió que las unidades penales para adultos presentan graves deficiencias para la resocialización. Por el contrario, destacó el modelo de los CEMOAS (Centro Modelo de Asistencia y Seguimiento de Niños, Niñas y Adolescentes) en la provincia de Misiones como una experiencia positiva.
• Enfoque humano: El modelo propone un ambiente «amigable», sin personal uniformado ni armado, enfocado en el acompañamiento psicológico y el tratamiento de adicciones.
• Educación y trabajo: Los jóvenes en conflicto con la ley mantienen exigencias escolares, realizan deportes y manualidades para facilitar su reinserción.
• Esperanza: Barros definió esta iniciativa como una «mirada humana integral y abierta a la esperanza», alineada con lo que solicita la Iglesia para una verdadera reforma del régimen penal juvenil.
Finalmente, el Padre Barros concluyó que el desafío del Estado y la sociedad es salvar a los jóvenes brindándoles «más oportunidades que penas», evitando que la discusión caiga en simplismos ideológicos que no resuelven la inseguridad de fondo.