Farmacias en alerta roja: advierten que las deudas de PAMI e IPS ponen al sector «al borde del colapso»

Por los retrasos en los pagos, que llegan hasta los cinco meses, muchos comercios medianos y chicos dejaron de atender obras sociales. Denuncian una caída del 20% en las ventas y un cambio drástico en el consumo: los jubilados ahora compran «pastilla por pastilla» y priorizan genéricos.

La situación del sector farmacéutico atraviesa uno de sus momentos más críticos. Entre la inflación y la mora en las liquidaciones de las principales obras sociales, las farmacias se han convertido en las financistas involuntarias de un sistema que ya no pueden sostener. Vania Ilchuuck, referente del sector farmacéutico, describió un panorama de profunda incertidumbre donde la falta de solvencia económica está forzando a muchos establecimientos a restringir la atención a los jubilados.

Una deuda que asfixia a los comercios

El principal foco de conflicto es la acumulación de pagos pendientes. Según explicó Ilchuuck, la morosidad con PAMI se ha «normalizado» desde junio del año pasado, alcanzando picos de hasta ocho quincenas adeudadas. «Estábamos hasta ayer con cinco quincenas otra vez adeudadas, lo cual es un montón para la farmacia, sobre todo la mediana y chica que no tiene una espalda económica suficiente para seguir financiando todo este sistema», aseguró la especialista.

Si bien recientemente se liberaron algunos pagos que otorgaron un breve «oxígeno», la situación con otras entidades como el Instituto de Previsión Social (IPS) es similar, con retrasos que llegan a los cinco meses. Esta cadena de pagos rota obliga a los farmacéuticos a cumplir con las droguerías sin tener el ingreso de las prestaciones ya brindadas, lo que ha llevado a que muchas farmacias discontinúen la atención o dejen de aceptar nuevos afiliados para proteger su escasa mercadería.

Caída de ventas y consumo «al día»

La crisis económica no solo afecta la administración, sino que se siente con fuerza en el mostrador. Ilchuuck confirmó que las ventas de medicamentos cayeron un 20% y que el comportamiento del cliente cambió de forma radical. «La gente compra lo mínimo e indispensable. Ya no compra ‘por las dudas’ si le duele la cabeza; compra ante el problema», detalló.

Entre los cambios más notorios en el consumo se encuentran:

  • Venta fraccionada: Se solicita más la pastilla suelta o el blíster que la caja cerrada.
  • Migración a genéricos: Los pacientes han dejado de ser «marquistas» para buscar el precio más bajo.
  • Pagos digitales: La falta de efectivo circulante ha derivado en el uso masivo de tarjetas y billeteras virtuales, lo que paradójicamente complica la distribución de fondos para gastos fijos de las farmacias debido a la carga impositiva.

Incertidumbre y futuro

A pesar de que el sector intenta no cortar el servicio por el vínculo cercano que existe con los jubilados —a quienes Ilchuuck definió afectuosamente como «el abuelito» de la farmacia—, el límite financiero parece haber llegado. Aunque se registran aperturas de nuevos locales que equilibran los cierres, los nuevos emprendedores evitan trabajar con obras sociales por temor a la morosidad.

«Estamos en una incertidumbre. Esperanzados en que se solucione, pero también hay ciertas cuestiones en la economía y en lo que se ve a nivel político que te dan inseguridad», concluyó Ilchuuck, remarcando que la subsistencia del servicio depende de una normalización urgente de los pagos estatales.