El diputado Cristian Castro advierte sobre una situación límite en la frontera: mientras en Argentina el ingreso del productor cayó un 66% real, en Brasil los trabajadores rurales ganan hasta $1,2 millones con vivienda y comida incluidas.
La provincia de Misiones atraviesa un fenómeno migratorio que se ha intensificado de manera alarmante desde principios de año. La falta de oportunidades laborales y el desplome de los precios en las economías regionales han convertido a Brasil en el principal refugio económico para jóvenes y pequeños productores. En una entrevista reciente, el diputado provincial Cristian Castro (Partido Agrario y Social) describió un panorama desolador de chacras abandonadas y una industria desregulada que asfixia al eslabón más débil de la cadena productiva.
Un sueldo «limpio» del otro lado de la frontera
La brecha salarial es el principal motor del desplazamiento hacia localidades brasileñas como San Javier, Porto Mauá o Aurora. Según explicó Castro, los jóvenes que cruzan para trabajar en la cosecha de manzana perciben entre $750.000 y $1.200.000. «Es plata limpia porque les dan casa, comida, merienda y hasta internet satelital; si no gastan allá, traen todo ese dinero para sus familias en Misiones».
En contraste, un tarefero en Argentina gana actualmente entre $25.000 y $35.000 por día, cifra que no logra competir con la oferta del país vecino. Esta situación ha escalado a tal punto que ya no solo migran los trabajadores golondrina, sino también los hijos de los colonos y pequeños productores de 5 a 10 hectáreas. «Las chacras están abandonadas y los yerbales descuidados; es gente que quiere trabajar y progresar, pero con esta economía nacional no puede».
La crisis de la yerba y el impacto de la desregulación
Para el legislador, quien también es contador público, la desregulación del sector yerbatero ha sido letal para el pequeño productor. Castro señala que, si bien el precio en góndola aumentó, el productor sufrió una caída del 66% en términos reales en comparación con los valores de hace dos años. «Hoy el productor recibe entre $200 y $280 por kilo de hoja verde, y muchas veces le pagan la mitad al contado y el resto a plazos de hasta 180 días».
El diputado calificó como una «locura desde todo punto de vista» que un kilo de yerba valga hoy lo mismo que una gaseosa de primera marca. Según su visión, la eliminación de los precios mínimos que antes fijaba el INYM destruyó el equilibrio de la cadena, provocando una transferencia de recursos que terminó concentrada en la industria.
El contraste: «Empresarios ricos y empresas pobres»
Uno de los puntos más críticos de la denuncia de Castro fue la situación financiera de las grandes firmas del sector. El diputado describió una paradoja estructural: empresas con pedidos de quiebra, cheques rechazados y constantes deudas con proveedores y empleados, mientras sus dueños mantienen niveles de vida de lujo.
«Tenemos empresarios ricos y empresas pobres, sin inversión tecnológica y concursadas». El legislador enfatizó que, mientras las empresas atraviesan crisis terminales, se ve a sus propietarios veraneando en destinos como Dubai o los Emiratos Árabes.
Finalmente, Castro advirtió que el modelo actual está «matando las economías regionales», afectando no solo a la yerba mate, sino también a la forestoindustria, la mandioca y el té. «La recaudación propia de la provincia cayó un 22% en términos reales, lo que muestra que el consumo está flaco y la economía no avanza».