El recorte de becas posdoctorales frena proyectos clave para el agro y la industria misionera. La advertencia sobre una inminente fuga de cerebros y el drama de los científicos que quedan fuera del sistema.
La crisis del sistema científico nacional impacta con especial dureza en las provincias, donde el desarrollo tecnológico está estrechamente ligado a las economías regionales. El Dr. Pedro Darío Zapata, secretario general de Ciencia y Tecnología de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM) e investigador del CONICET, encendió las alarmas al denunciar en Radio News que el recorte de becas posdoctorales equivale a tirar a la basura una década de inversión pública en capital humano altamente calificado.
El conflicto se desató tras la decisión de interrumpir de forma abrupta las becas de los investigadores que concluyeron su etapa formativa de doctorado y posdoctorado, en lugar de mantener las prórrogas habituales mientras se evalúan sus ingresos a la planta permanente. En Misiones, la medida afecta de forma inmediata a seis científicos posdoctorales que quedan completamente desvinculados del sistema, a los que se sumará una nueva tanda de doctores recién graduados.

El limbo del «mientras tanto» y el riesgo de la precarización
En el ámbito científico, el tránsito entre la finalización de un doctorado y el ingreso formal a la Carrera del Investigador Científico (CIC) del CONICET suele demorar entre un año y un año y medio. Durante ese lapso de evaluación —donde se analiza la producción científica, la vinculación privada y la transferencia tecnológica— el organismo solía otorgar prórrogas de becas posdoctorales para asegurar la continuidad del profesional.
“Toda esa evaluación demora un año o un año y medio porque requiere reuniones con evaluadores que deben conversar entre sí. En ese tiempo, lo habitual era prolongar la etapa de beca para que no exista una discontinuidad», detalló Zapata. Sin embargo, el corte total de estas prórrogas empuja a los profesionales a la intemperie laboral.
«Si vos despedís a la persona durante un año y medio, se va a hacer de Uber, se va a atender una tiendita para vender ropa usada o a trabajar en la plaza, y después es muy difícil que retorne al sistema científico una vez que sigue con su vida», advirtió el investigador con crudeza.
La problemática se arrastra desde hace tiempo: el Dr. Zapata denunció que existen investigadores que concursaron y ganaron sus cargos en 2022 y que, tras cuatro años, aún no han sido designados formalmente en sus puestos de planta.
Un costo mínimo frente a los gastos del Congreso
Para el titular de Ciencia y Técnica de la UNaM, el argumento del equilibrio fiscal utilizado para justificar el ajuste en el sector no resiste el análisis de costos reales en territorio.
Un becario posdoctoral en Misiones percibe un ingreso mensual de aproximadamente 1,5 millones de pesos (incluyendo el adicional por zona). «Multiplicá eso por los 12 meses del año. Ponele que tengan que esperar dos años: la suma de todos ellos ni siquiera alcanza al salario de uno de los senadores o diputados que votan las leyes en el Congreso», sentenció Zapata, evidenciando el profundo malestar que recorre a la comunidad científica.
La comunidad académica, que ya viene de protagonizar masivas marchas en defensa del financiamiento universitario, se prepara para llevar el reclamo de los becarios despedidos a las puertas del Congreso, advirtiendo que vaciar de recursos a las provincias no evitará la quiebra del país, sino que destruirá su futuro productivo.