* «El adoctrinamiento de LLA y el desconocimiento de la economía yerbatera»

En la llegada de Javier Milei vimos cómo una joven de La Libertad Avanza lanzó expresiones despectivas hacia un grupo de productores que fueron justamente para pedir un precio justo para la hoja verde, y justamente es la parte más débil del eslabón de la cadena productiva que sostiene a misiones que se es la yerba mate.

Hablar de yerba mate en nuestra provincia no es hablar simplemente de un producto. Es hablar de historia, cultura, trabajo e identidad.

Hace más de 200 años los pueblos guaraníes ya conocían y consumían la yerba mate. Durante el período colonial adquirió una enorme importancia económica en toda la región y, siglos después, continúa siendo una de las actividades productivas fundamentales de Misiones.

La yerba está, literalmente, tatuada en nuestro ADN.

Misiones concentra alrededor del 90% de la producción argentina y detrás de esa actividad existen alrededor de 15mil productores y 17mil tareferos, secaderos, cooperativas, molinos, transportistas, comercios y familias que directa o indirectamente dependen de ella.

Por eso, cuando se desprecia al productor yerbatero no se está atacando solamente a un sector: se está desconociendo una parte central de la estructura económica y social de nuestra provincia.

Si en la escuela de formación política de La Libertad Avanza se enseña a mirar al productor despectivamente, deberíamos preguntarnos si estamos frente a ignorancia económica, desconocimiento histórico o frente a una concepción deliberada de desregulación y odio que propicia el propio sturzenegger hacia el sector yerbatero.
La realidad es que apuntar al productor es pegarse un tiro en el pie al argentino mismo porque el consumo es plenamente nacional.

En el caso de la yerba existen miles de pequeños oferentes frente a un puñado de grandes industrias, y ahí aparece una enorme asimetría en el poder de negociación. La teoría económica conoce perfectamente estos fenómenos: oligopsonios y, en sus situaciones extremas, monopsonios. En estos casos el poder de negociación es plenamente del comprador

Y ahí está el problema que Federico Sturzenegger y la política de desregulación parecen no comprender, o deciden ignorar.

La historia de la yerba mate debería servirnos de advertencia.

Desde las durísimas condiciones laborales existentes durante diferentes etapas de la explotación yerbatera hasta la historia de los mensúes y posteriormente de los tareferos, la actividad estuvo atravesada durante generaciones por profundas desigualdades entre quienes aportaban su trabajo y producción y quienes concentraban el poder comercial.

El precio de referencia de la yerba no nació de un capricho del gobierno. Surgió en los 90 en el famoso tractorazo, en la necesidad de equilibrar una relación económica naturalmente asimétrica que da surgimiento el INYM.

La intervención estatal sobre mercados agropecuarios es necesaria en casos de oligopsonios. No todos los mercados ni todos los productos utilizan exactamente el mismo instrumento, pero prácticamente ninguna economía agropecuaria relevante funciona bajo la fantasía de una ausencia absoluta del Estado.

Entonces aparece una contradicción evidente.

Se le dice al productor que produzca más, que compita y que exporte. Pero abrir nuevos mercados internacionales para un producto culturalmente concentrado en determinados países no ocurre de un día para otro, y mucho más en un mundo donde las principales economías mantienen políticas agrícolas, sanitarias y comerciales fuertemente defensivas de sus propios intereses.

El problema no es mercado contra Estado

Plantear esta discusión como una batalla entre “libertad” e “intervencionismo” es intelectualmente pobre.

finalmente puede ocurrir algo paradójico: en nombre de la competencia terminamos con menos competidores y un precio de $ 200 que desincentiva la producción.

En 2023 la hoja verde estaba en $210 y el precio en góndola del kilo de yerba en $2200, hoy en día el precio es el mismo y el precio del kilo de yerba en góndola es de 5200 en promedio.
Por eso defender al productor también es defender el mercado, que con este modelo económico se encamina a su extinción.

La economía misionera tiene características propias. No puede analizarse exclusivamente desde un escritorio en Buenos Aires.

Porque cuando desaparecen miles de pequeños productores y la producción queda concentrada en pocas manos, aquello que comenzó llamándose “libertad” puede terminar convirtiéndose exactamente en lo contrario: concentración del poder económico.

La yerba mate sobrevivió siglos de transformaciones políticas, económicas y sociales. Sobrevivió a la colonia, a diferentes modelos productivos, a crisis nacionales y a innumerables cambios regulatorios.

Lo que Misiones no puede permitir ahora es que una generación de dirigentes desconozca esa historia y convierta al productor en enemigo.

El productor yerbatero no es el problema. El tarefero no es el problema.
Son quienes mantienen vivo uno de los principales motores económicos, sociales y culturales de Misiones.

Y antes de pretender “liberar” nuestra economía, primero hay que conocerla.

Porque los intereses de la concentración económica que propone sturzenegger se antepone a la realidad que vive el misionero es allí donde la provincia y los ciudadanos tenemos la responsabilidad de garantizar equidad en cada sector que movilice nuestra economía.

“La regulación del precio de la hoja verde es tan neceo como lo es la democracia en el sistema político.

*Por Federico Villagra Lic. en Economía