Federico Miravet, abogado y presidente de la Biofábrica Misiones S.A, analiza la complejidad técnica y política de la producción sustentable. El reclamo de «seriedad y tranquilidad» para los colonos, el límite tecnológico de los bioherbicidas a nivel mundial y el potencial de los desarrollos locales.
La reciente derogación del artículo que prohibía el uso del glifosato en Misiones ha reavivado una de las discusiones más profundas del agro argentino. En medio de visiones encontradas entre cámaras empresarias y ambientalistas, Federico Miravet (abogado y funcionario provincial) aporta una mirada técnica y realista a un debate que suele polarizarse con facilidad.
En diálogo con Ariel Sayas en Radio News, advirtió de forma tajante que cualquier política ambiental debe estar sustentada en la ciencia y en la viabilidad económica de las chacras, alejándose de los «prohibicionismos absolutos» que dejen desamparado al colono.
El debate de fondo: equilibrar la ciencia con la producción
Para Miravet, el escenario de transición actual en el agro misionero requiere de dos palabras fundamentales: «seriedad» y «tranquilidad». La discusión de fondo en la provincia no radica en optar de manera lineal por un rotundo «sí o no» frente a los insumos biológicos, sino en «cómo hacemos la transición lo más seria, productiva y científicamente posible».
Al analizar los idas y vueltas normativos en Misiones —luego de la derogación de un artículo clave de la ley de promoción de bioinsumos sancionada en 2023, que inicialmente contemplaba una prórroga de prohibición de dos años que luego se elevó a cinco—, el abogado expuso una postura clara: «Una política ambiental no puede estar divorciada de la realidad productiva ni de la ciencia». Bajo esta premisa, sostuvo que el Estado no puede legislar desde un «capricho» o un «prohibicionismo total», ya que de esa manera se le genera una profunda intranquilidad al productor al no contar con herramientas de reemplazo validadas en el mercado.
El bioherbicida: un enorme desafío tecnológico global
Uno de los puntos más críticos señalados por el especialista es la confusión técnica que existe en torno a las alternativas biológicas. Miravet aclaró que, para reemplazar de forma específica la función que cumple el glifosato en el campo, se necesita un «bioherbicida», un desarrollo que hoy por hoy representa «un desafío tecnológico mundial» y no meramente un reto de la provincia de Misiones.
«No hay un desarrollo interesante de bioherbicida basado en diferentes tipos de microorganismos [como hongos o bacterias]», explicó. Detalló que, debido a la complejidad de las malezas, probablemente la respuesta científica no pase por encontrar un único producto que actúe como sustituto directo, sino por armar «un consorcio» de soluciones biológicas aplicadas en conjunto. Por esta razón, el experto planteó que la transición debe avanzar con prudencia y mantener el uso de las herramientas tradicionales «hasta que aparezca ese bioherbicida que contemple los estándares internacionales y nacionales».
Mihoba: biotecnología misionera con proyección nacional
Desde su labor en Biofábrica, Miravet destacó que Misiones se posiciona como una provincia de vanguardia biotecnológica, aunque advirtió que el desarrollo de este tipo de soluciones demanda tiempos rigurosos: «Desarrollar un bioinsumo no es inventar una fórmula y mañana la ponemos en la chacra». El camino científico abarca etapas ineludibles que van desde la investigación y la selección de microorganismos, pasando por ensayos de laboratorio, el escalado, la validación a campo, hasta la determinación exacta de las dosis.
Actualmente, la gran apuesta de la entidad es Mihoba, un producto que actúa como biofungicida, fertilizante y promotor de crecimiento. Su formulación actual consta de un grano de arroz impregnado con el hongo benéfico Trichoderma asperellum (referido en el registro como «tricoder más perelum»), seleccionado directamente del suelo misionero para asegurar su perfecta adaptación a las plantaciones de la provincia.
Si bien este formato físico funciona con éxito en el esquema de minifundios misioneros, Biofábrica avanza en una importante inversión económica para adquirir una máquina zaranda que permita moler el grano y extraer directamente la espora. Este salto técnico busca abrir nuevos mercados de alta escala, como la Pampa húmeda o el sur de Brasil, permitiendo aplicar el bioinsumo de manera competitiva en cultivos extensivos como soja, maíz y trigo administrados por grandes pools de siembra.

El camino regulatorio ante el SENASA
El desarrollo científico y comercial de estas alternativas choca a menudo con los tiempos burocráticos. Miravet describió que registrar un bioinsumo es un camino de largo aliento. Actualmente, Biofábrica se encuentra gestionando ante el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) el registro de la nueva formulación en esporas de Mihoba.
«El registro ante el SENASA tarda. Y después tenés que producir en una escala suficiente para llegar al productor», advirtió, evidenciando las dificultades logísticas que separan los ensayos de laboratorio de la distribución a gran escala en las chacras.
Un llamado al consenso público-privado
Finalmente, el presidente de la Biofábrica Misiones S.A consideró que la flexibilización de la norma provincial representa un gesto positivo y realista de la política hacia el sector privado en un contexto de dificultades económicas generales. Sin embargo, aclaró que este beneficio viene acompañado de un pedido de colaboración recíproca para construir un agro más sustentable de forma gradual.
Como mensaje de cierre, Miravet reafirmó el compromiso de la institución con la sanidad vegetal y de los alimentos, prometiendo sostener el acompañamiento técnico indispensable para los productores: «Yo te pido esta mano, ayudame en la transición, pero yo a cambio te doy seriedad y tranquilidad».